Las diferencias en la composición social actual han empujado a las empresas con visión estratégica a implantar políticas de diversidad dentro de sus organizaciones. Reconocer el valor del capital humano y desarrollar estrategias que lo potencien, debe de ser el reto de las compañías que pretendan aumentar su productividad. La integración de elementos tan plurales como son los culturales, religiosos, y étnicos, entre otros tantos, favorece la competitividad del mercado corporativo.
Si el mundo fuera un pueblo habitado por 100 personas, lo configurarían 33 cristianos, 18 musulmanes, 16 hindús, 6 budistas y 16 personas sin creencias religiosas. Pero, además, 46 de sus habitantes vivirían en ciudades, habría 14 adultos instruidos, 4 usuarios de Internet, 8 personas con ordenador personal y 2 habrían pasado por el instituto.
Ante esta pluralidad, el éxito de las empresas dependerá de la implantación de estrategias de diversidad; esto es, de su capacidad tanto para identificar como para valorar las diferencias de sus trabajadores y de su habilidad para maximizar su potencial. La eliminación de fronteras y la progresiva integración de las economías impulsan el desarrollo de una sociedad heterogénea que las empresas deben trasladar a sus organigramas.
La discriminación latente en el entorno empresarial es una equivocación. No sólo es una cuestión moral o de conciencia, sino que es un error estratégico. Saber aprovechar las capacidades y el compromiso de todos los trabajadores es un diferencial importante en el mercado actual; e ignorar las cualidades de los trabajadores pone en peligro la propia supervivencia de la empresa.
Ante tal situación la labor del departamento de Recursos Humanos es clave a la hora de integrar a estas minorías. Le corresponde desarrollar políticas que favorezcan un ambiente de trabajo agradable y con igualdad de oportunidades para todos los empleados.
En un mercado tan competitivo como el actual, el capital humano es el activo principal. Rentabilizar su potencial es la clave del éxito del mercado de futuro. Los directivos de las empresas con visión a largo plazo, deben apostar por políticas que favorezcan la atracción y retención de talento. Ello implica sustituir las viejas estrategias de discriminación que sepultan un potencial importante del mercado laboral, por otras que abracen la diversidad como punto clave en su desarrollo.
Una gestión adecuada de las diferencias, lejos de ser un problema para las empresas, las reporta interesantes beneficios: fortalece su competitividad, genera más ganancias y satisface a todos sus grupos de interés.