I.- EL CUERPO
Hace unos días, en una reunión de trabajo, un cliente que estaba valorando la conveniencia de realizar un proceso de Coaching, me preguntó ¿….pero en el fondo que eso del Coaching?. Mi contestación fue que era una forma de aprender, aprender para hacer algo diferente, ver diferente bajo una nueva luz, cambiar la forma de interactuar con uno mismo y con los demás con el fin de transformarte en una persona más satisfecha y feliz… y claro en seguida pusimos una fecha para comenzar el proceso…
El Coaching según nuestro modelo de intervención es un aprendizaje transformacional que interviene en el ser que somos, en la forma en que sentimos, pensamos y enfrentamos los asuntos cotidianos y los importantes de nuestra vida.
Y la forma en que se realiza el aprendizaje es modificando nuestra coherencia en los tres dominios del ser: lenguaje, cuerpo y emoción, estos aspectos se influyen entre sí y están conectados de forma dinámica.; por ejemplo si sentimos tristeza, nuestro cuerpo adoptará una posición de abatimiento y pensaremos e interpretaremos nuestra realidad de forma pesimista. Los tres dominios se configuran para estar en congruencia.
A menudo los cambios en uno de los tres dominios no pueden conservarse debido a la presión de coherencia que proviene de los otros dos. El cambio de creencias, la estructura de un nuevo lenguaje no se mantiene en el tiempo, por que la emoción que la acompaña y el cuerpo de la persona que la sostiene lo impiden. Por ello es necesario en cambios importantes intervenir simultáneamente en los tres dominios.
En este artículo nos pararemos en el dominio del CUERPO, uno de los espacios de aprendizaje que menos tenemos en cuenta y uno de los más poderosos de intervención.
No puede haber ningún cambio real si no se “in corpora”, se vive en el cuerpo. Tenemos cuerpos que no sueltan la tristeza, que no sostienen la dignidad, que no se pueden comprometer, que no pueden liderar…
Al cambiar la disposición de nuestro cuerpo y nuestra relación con él, le permitimos que habite otros espacios emocionales y que cree otros discursos, que tenga otras conversaciones. La resistencia al cambio también se manifiesta en lo físico, para cada respuesta aprendida hay una estructura de sistemas biológicos que se ordenan para sostener la conducta.
Pero ¿cómo acercarnos al dominio del cuerpo? Escuchándolo, conectándonos con él. La capacidad de sentir plenamente el propio cuerpo afecta de forma directa a la confianza en uno mismo. Las intervenciones corporales que se realizan desde el Coaching son muchas y apasionantes, algunas de ellas serían: la respiración, la postura, los gestos, la voz, procesos de atención y conciencia corporal, las disposiciones al movimiento, el funcionamiento de la contracción y expansión, el trabajo con las tensiones, Alba emoting, etc. Todas las técnicas están orientadas a habitar nuestro cuerpo de forma diferente, nos invitan a conectarnos con él, nos permite acceder a las emociones que están dirigiendo nuestras conductas, nos ayuda a sostener un comportamiento deseado, nos devuelve al presente que es donde verdaderamente tenemos el poder de cambiar nuestra realidad.
Al trabajar en esa dirección encontramos nuestros propios enemigos del aprendizaje, que nos limita al acercarnos a nuevos territorios sólo desde “el sentido” y “la razón, y es que el cuerpo por su propia estructura no aprende igual que los otros dominios, aprende por repetición, aprende haciendo, moviéndose. Por mucho que queramos ordenarle, el cuerpo no funciona como una máquina a la que aprieto un botón y se interrumpe el sistema aprendido, aprieto otro y funciona el sistema adecuado.
Nuestra herencia cultural de separación entre mente y cuerpo, pone al cuerpo en una posición muy poco ventajosa, es algo que nos lleva de un lado a otro, que tenemos que dominar, algo a lo que no prestamos atención en nuestro aprendizaje.
Pero si lo pensamos bien, nuestro cuerpo somos nosotros mismos. Él es nuestra realidad más aprehensible. No se opone a la inteligencia, a los sentimientos, al alma, los incluye y los alberga. El cuerpo de un ser y su vida son una y la misma cosa.
Os dejo con este poema que nos llama a reconciliarnos con nuestro cuerpo.
El hogar más verdadero
nuestro cuerpo,
suele estar deshabitado
vamos vagando por los
mundos de la ilusión,
buscando siempre fuera,
olvidados
de que aquí dentro, en lo profundo,
está la Totalidad.
volver a casa, dejar de ser hijo pródigo,
niño perdido en el bosque,
volver al cuerpo siguiendo el río de
la respiración,
regresar al hogar y ser de nuevo
Rey de lo Real.
Anónimo
Gemma Mellado
Senior Manager de Norman Broadbent

