José Ignacio Jiménez, Socio de Norman Broadbent
Han pasado ya 66 años de la primera publicación de la irrepetible obra de El Principito de Antoine de Saint-Exupéry. Es una obra eterna, atemporal, una metáfora que nos habla, a través de los ojos de un niño excepcional, de valores, de imaginación, de vida y de muerte. El libro nació entre el Cielo y la Tierra, consecuencia de un aterrizaje forzoso de aviación de su autor en el desierto de Libia. Pilotar un avión y sufrir un accidente en una de las zonas más inhóspitas de la Tierra, supuso para alguien extraordinario como Antoine de Saint-Exupéry una experiencia de la que tratar de extraer el sentido de la vida.
Antoine de Saint-Exupéry descubrió, al igual que Víctor Frankl, que haber sido es la forma más segura de ser. Frankl afirma que la esencia de la existencia consiste en la capacidad del ser humano para responder responsablemente a las demandas que la vida le plantea en cada situación particular.
Estas situaciones son las que nos muestran las distintas experiencias del Principito en los planetas del Cielo, donde nos enseña los valores, y en la Tierra, donde nos enseña como afrontar el sufrimiento y en última instancia la muerte.
De todos y cada uno de los capítulos de El Principito podemos extraer ejemplos válidos para nuestra vida personal y profesional. Y son ejemplos especialmente relevantes por lo necesario que ahora supone retomar los valores que parece que en algunos casos hayamos perdido. La obra se ha convertido prácticamente en un oráculo, escrita en tiempos difíciles y finalmente objeto de culto, influida sin duda por la muerte temprana y heroica de Saint-Exupéry, abatido en el avión de guerra que pilotaba en 1944 en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial.
Fue en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, tiempos en los que la gente necesitaba nuevos referentes y nuevas ilusiones, cuando El Principito empezó a convertirse en un libro de éxito. Quizás ahora nos pueda ayudar de nuevo: el libro no es más que una crítica a la sociedad adulta creada y la alternativa de la pureza a través de su protagonista. Para ello reflexiona a través de su lirismo sobre los valores fundamentales de cualquier sociedad: la responsabilidad, la amistad, la fraternidad, el amor, lo superficial como perecedero, etc.
El Principito vive en un pequeño planeta, el asteroide B612, donde pasa sus días cuidando de algunos volcanes y una rosa. Un día decide conocer el resto del Universo y visita otros planteas, cada uno de los cuales se encuentra habitado por un adulto que demuestra lo estúpidos que la mayoría de las personas se vuelven al hacerse mayores, entre otros:
- El Vanidoso, quien desea que todos le reconozcan como un hombre digno de admiración. Representa la vanidad y el egoísmo del hombre.
- El Borracho, que bebe para olvidar que se avergüenza de beber. Representa la falta de fuerza de voluntad humana.
- El Hombre de Negocios que se encuentra siempre ocupado contando las estrellas. Planea utilizarlas para comprar más estrellas. Representa la avaricia y los cambios económicos (¿nos suena?).
- El Farolero que enciende y apaga un farol por minuto en su planeta, no pudiendo casi descansar. Representa la lealtad y la responsabilidad, y es el único personaje de alma positiva que conoce El Principito en su viaje.
- El Mercader y el Guardagujas son el mismo ejemplo de la obsesión por ir deprisa y estar o parecer estar ocupados. De esta manera olvidamos los verdaderos valores y hacia dónde realmente nos dirigimos, convirtiéndonos en pollos sin cabeza.
- El Geógrafo, teórico pero pasivo, que recomienda a El Principito visitar la Tierra y donde éste descubrirá la amistad (representada por el Zorro) y el amor (al descubrir ahora en la distancia que su rosa era verdaderamente única).
- Del Zorro aprende también El Principito que lo esencial es invisible a los ojos, y que nos guiamos habitualmente por lo material y superfluo.
¿Hay quién dé más? El Principito se anticipó a los libros de autoayuda, y es el mejor sin duda que conozco, pero infinitamente más valioso y hermoso. Un libro especialmente necesario en estos momentos de fuerte incertidumbre económica y social. Una metáfora que encierra en cada uno de sus capítulos secretos a descifrar. De nosotros depende sacar conclusiones y de nosotros depende tomar acciones. No seamos como el pasivo Geógrafo, llevemos a la práctica nuestros sueños y luchemos por ellos.


